
EL TORO Y LOS CIEN CARROS DE PIEDRAS
Este cuento, que pertenece a la serie de cuentos Jataka. Cuentos Budistas.
Es una gran inspiración para mí.
Uno vive a veces situaciones que se pueden manejar con una palabra buena, en vez de una mala.
Cuenta la leyenda que Shakyamuni, Buddha, nació en una de sus vidas anteriores en forma de ternerito. Tratado con bondad y afecto por su amo, un noble brahmán, el novillo se convirtió en un toro poderoso y manso. Quiso recompensar a aquel santo varón y se le apareció en sueños:
Amo -dijo respetuosamente-, propón un reto a tu vecino, el rico comerciante. Afirma ante él que seré capaz de tirar de cien carros llenos de piedras. ¡Apuesta en ello mil monedas de oro!
El noble brahmán creía en los sueños. Se fue a ver al rico comerciante y le habló de aquel reto. El vecino pensó que el santo varón era tonto, o que estaba loco. Pero era un hombre ávido y sin escrúpulos y aceptó, riéndose de la ingenuidad de aquel buen hombre.
El día convenido, el brahmán hizo cargar de piedras cien carros. Unció el
toro y tomó las riendas. Estaba ansioso. Había puesto toda su fortuna en aquella apuesta, y exclamó:
Tira, tira aunque para ello tengas que morir del esfuerzo; he apostado mil monedas de oro y no soy rico! ¡Tira!», aullaba, y azotaba cruelmente al animal.
Vibraban los poderosos hombros del toro, pero parecía clavado al suelo, y los carros no se movieron.
Maldito eunuco! ¡Vaya hacer que te degüellen, y dejaré tu carroña a los buitres!
No consiguió nada. Los cien carros no avanzaron ni una pulgada. El brahmán perdió la apuesta. Dio mil monedas de oro al comerciante, que se burlaba abiertamente de él. Arruinado y avergonzado, entró en su casa y se durmió en su pena. Y aquella misma noche, se le apareció el toro de nuevo. Le habló así:
La mansedumbre, la bondad y las palabras amables son más eficaces que las injurias y los golpes. Pregunta a la compasión que hay en el fondo de tu corazón, Y ganarás tu apuesta. ¡Sube tu apuesta y propón esta vez a tu vecino dos mil monedas de oro!.
Al despertar a la mañana siguiente, el brahmán recordó su sueño. Vacilaba.
Sin duda voy a hacer el ridículo, se decía, pero estoy arruinado, y no tengo nada que perder. Después de todo, por qué no intentar este desafío ...
El comerciante, al escucharlo, no se lo creía. ¡Este buen hombre, desde luego, es de lo más tonto -pensó-, pero allá él! Dos mil monedas de oro siempre se reciben bien.
Y aceptó el desafío.
El día señalado, llenaron cien carros con pesadas piedras. El comerciante verificó cuidadosamente que todos estaban llenos hasta los topes. El toro parecía alegre. Llevaba alrededor del cuello una guirnalda de flores, y aquella misma mañana le habían dado de comer arroz perfumado. Cuando dieron la señal de comenzar, el brahmán le susurró al oído:
«Toro amigo, querido Nida Visala, siempre te he tratado bien desde el gozoso
día en que naciste. Te he alimentado de buena sémola, cuidado y protegido cuando no eras más que un ternerillo de patas vacilantes. Porque te tengo mucho
afecto, mi corazón está lleno de compasión y amor por todos rus hermanos ... »
Dicho esto, el brahmán se subió al primer carro, dio un chasquido con la lengua, y el toro, en un esfuerzo titánico ... hizo temblar los cien carros y los arrastró durante doce metros.
La compasión -el amor bondadoso y el compartir los males del prójimo- es la más hermosa de las virtudes. Presenta un «carácter mágico»
Tomado de los más bellos cuentos Zen de Henri Brunel.
El Dalai Lama dice entre otras cosas:
“Ninguna educación da sus frutos sin comprensión, paciencia y afecto.”
Gracias a los compañeros de mis talleres que ayudan a que estas cosas sucedan.
Pedro Parcet.